El antropólogo Pablo Wright estudia las conductas viales de los argentinos en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Ayer, durante la Jornada de Incidentes Viales en el Centro Cultural Virla, explicó las causas y consecuencias de lo que llama el “juego de la calle” y llamó a “bajar el nivel de riesgo con el que manejamos”.
De acuerdo con Wright, el panorama histórico de la conducta argentina muestra una ambigüedad hacia las normas: “en general, no valoramos al que obedece las normas, sino al que las transgrede, y esto se extiende también a la ciudadanía vial y genera muchos siniestros”.
Pero ¿por qué muchos argentinos violan las reglas de tránsito? Según Wright, la cultura humana es muy mimética y en el país han existido ciertas condiciones sociopolíticas que hicieron que los argentinos tiendan a ser rebeldes frente al Estado: “no es que la gente está loca y entonces rompe todo; no, la gente hace lo que ya se venía haciendo. Somos el efecto de la política pública, o de la histórica falta de una política pública, de educación, control y sanción viales”.
El caso uruguayo
Wright contó que una de sus áreas de trabajo es la conducta vial comparada. Para hacer este tipo de investigación, suele viajar a países como Chile, Brasil y Uruguay, donde observa cómo se comportan los conductores y peatones de allá. “El ciudadano uruguayo es más razonable que el argentino en su conducta en el tránsito, porque tiene conciencia de las consecuencias de sus acciones sobre sí mismo y sobre los demás. En Uruguay ponés un pie en la senda peatonal y los autos frenan”, ejemplificó.
A diferencia de lo que sucede en la República Oriental, en la Argentina el respeto por el peatón no es moneda común: “nosotros no hemos interiorizado el derecho de paso, no sabemos qué es el derecho de paso: lo negociamos cada vez que tenemos que cruzar la calle o entrar en una rotonda”.
Dejar de jugar en la calle
“¿Estaciono en doble fila? Y sí, si todo el mundo lo hace”. Este razonamiento, que Wright citó de un automovilista cualquiera, resume el problema. “Incorporamos el juego de la calle porque otros lo han incorporado antes, pero este juego tiene una historia con la muerte y les debemos a los muertos la energía para cambiar la realidad, porque toda catástrofe es una serie desafortunada de errores”, expresó.
Para Wright, la reducción de los accidentes viales depende tanto de los ciudadanos como del Estado: “si ocurre, va a ser el resultado de un movimiento colectivo y de que las autoridades trabajen como verdaderos servidores públicos”.